CONSTRUYÓ UNA NAVE ESPACIAL Y LUEGO DESAPARECIÓ PARA SIEMPRE…
En 1980, un joven canadiense llamado Granger Taylor desapareció sin dejar rastro. Tenía 32 años, era un genio autodidacta de la mecánica y la electrónica, y vivía de forma aislada en la isla de Vancouver, en Canadá. Su #historia no es solo una desaparición: es uno de los casos más inquietantes jamás documentados.
Granger no había ido a la #universidad ni tenía estudios formales, pero desde niño desmontaba radios, motores y televisores con una facilidad que sorprendía a todos. Construyó vehículos, reparó equipos complejos y, con piezas recicladas, levantó algo que parecía sacado de una #película de #CienciaFicción: una nave espacial metálica, instalada en el patio de la casa de sus padres. No era un adorno. Tenía paneles, cableado, asientos y un interior cuidadosamente diseñado. Para él, era real.
Con el paso de los años, Granger comenzó a hablar abiertamente de ovnis, comunicaciones con seres no humanos y viajes interplanetarios. Decía recibir mensajes. Aseguraba que no estaba solo. Sus vecinos lo consideraban excéntrico, pero inofensivo. Nadie imaginó lo que ocurriría después.
El 29 de noviembre de 1980, Granger dejó varias cartas. En ellas explicaba que había sido invitado por una nave extraterrestre para realizar un viaje de 42 meses por el espacio. No hablaba de secuestro ni de miedo. Escribía con calma, como quien se va de vacaciones largas. Prometía volver.
Ese mismo día, tomó su auto, un Datsun amarillo, cargó explosivos que él mismo había fabricado y se internó en una zona montañosa cercana. Días después, la policía encontró el coche destruido. Había señales claras de una explosión potente. Fragmentos del vehículo estaban esparcidos por el área. Pero había algo imposible de ignorar: no había cuerpo. Ningún resto humano. Ni huesos. Ni sangre. Nada.
Las autoridades concluyeron que Granger había muerto en la explosión, aunque admitieron que no pudieron recuperar restos. El caso se cerró como suicidio. Pero para su familia y quienes lo conocían, esa explicación nunca encajó. Granger no mostraba señales de depresión. Al contrario, estaba entusiasmado, concentrado, convencido de que algo extraordinario estaba a punto de ocurrir.
Con los años, el caso se volvió legendario. Investigadores independientes señalaron inconsistencias: la potencia de la explosión debería haber dejado restos óseos; el área fue revisada varias veces sin resultados; las cartas no tenían el tono de una despedida final. Y su nave, construida durante años, quedó intacta, como si hubiese sido abandonada de golpe.
¿Murió realmente en esa explosión? ¿Planeó una desaparición perfecta? ¿Sufría un delirio profundo? ¿O creyó tanto en el contacto que decidió seguirlo hasta el final? Hay quienes van más lejos y sostienen que Granger Taylor hizo exactamente lo que dijo: se fue.
Hasta hoy, no existe prueba definitiva de su muerte. No hay tumba. No hay restos. Solo cartas, una nave inmóvil y una pregunta que sigue incomodando a todos: ¿qué pasó realmente con Granger Taylor?
Tal vez fue un hombre adelantado a su tiempo. Tal vez alguien que se perdió en sus propias creencias. O tal vez, solo tal vez, fue uno de esos casos donde la realidad no encaja con ninguna explicación oficial.
Porque a veces, lo más inquietante no es lo que sabemos… sino lo que nunca pudimos comprobar
#Misterio #Ciencia #Curiosidades