LIS CUESTA CRITICA LA DESIGUALDAD QUE LA MISMA DICTADURA HA CREADO
(De una publicación de Ghostman Barcelo)
La solidaridad no es una palabra bonita para adornar discursos ni un recurso retórico para fechas señaladas. La solidaridad es presencia real, es bajar del palco, es embarrarse los zapatos junto a la gente. Todo lo demás es #literatura… o propaganda.
En cualquier #país con un mínimo de decoro institucional, la figura de una primera dama —formal o no— cumple una función social clara: acompañar, escuchar, servir de puente con los más vulnerables.
No gobierna, pero da la cara. Cuando eso falla, se convierte en un adorno del poder o, peor aún, en una caricatura.
En #Cuba, donde oficialmente no existen primeras damas pero sí privilegios muy bien blindados, Lis Cuesta ocupa un lugar incómodo: no electa, no responsable ante nadie, pero omnipresente cuando hay cámaras, viajes y eventos culturales. Su conducta pública no es inocente ni irrelevante. Es política, aunque se disfrace de “opinión personal”.
Tras el paso del #HuracánMelissa por el oriente cubano —con casas destruidas, familias sin techo, apagones, hambre y silencio oficial— la solidaridad no necesitaba discursos, necesitaba acciones.
Sin embargo, no se vio a Lis Cuesta liderando ayuda, acompañando damnificados ni movilizando recursos reales. Lo habitual: visitas tardías, encuadres controlados y sonrisas institucionales. Gestión de imagen, no solidaridad.
Y entonces llega diciembre. Y llega la #Navidad. Y llega el regaño. Lis Cuesta critica los símbolos “burgueses” y llama a la “solidaridad”. Dicho desde el privilegio, el mensaje deja de ser noble y se vuelve insultante.
Porque resulta ofensivo recibir lecciones de austeridad y desprendimiento de alguien que vive, viste y viaja como burguesa, en un país donde la mayoría no tiene ni arroz, ni corriente, ni techo seguro.
El problema no es la Navidad. El problema es usar la palabra “solidaridad” como comodín moral mientras se habita una burbuja de privilegios sostenidos por un sistema que ha empobrecido a toda una nación. En Cuba, lo verdaderamente burgués no son las luces ni un arbolito: es vivir desconectado del sufrimiento colectivo y aun así pontificar sobre él.
Desde el patriotismo real —no el de consignas vacías— esto duele. Porque Cuba no es el poder ni sus esposas. Cuba es la gente que resiste #huracanes sin recursos, que celebra como puede, que comparte lo poco que tiene. Esa es la solidaridad auténtica, la que nace desde abajo.
Y desde una mirada #anticomunista, el cuadro es claro: el #comunismo siempre exige sacrificios ajenos mientras protege comodidades propias, demoniza símbolos mientras conserva prebendas y habla de pueblo desde arriba.
La solidaridad no se decreta, no se sermonea y no se usa para corregir culturalmente a una población exhausta. La solidaridad se demuestra.
El pueblo cubano no necesita que se la expliquen. La vive todos los días.
Lo que necesita es que quienes hablan en su nombre empiecen, de una vez, a estar a su altura.
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