Como suele pasar con la mayoría de la gente, y más cuando son de otras épocas, intentar encajar la ideología de alguien reduciéndola a un punto en el eje izquierda/derecha resulta absurdo.
La trilogía de Tolkien es claramente una alegoría de la lucha contra el fascismo, una oda a la armonía entre razas e ideologías (yendo mucho más allá de la siempre insuficiente tolerancia), destacando valores como la amistad, el respeto, la ecología, la humildad, y la no imposición.
Curiosamente, a pesar de ser católico y de crear un panteón entero, no se ve ningún tipo de religión organizada ni de templos ni cultos, cosa muy destacable.
La obsesión con categorizar a todos los personajes asignándoles una raza, y a cada raza un carácter y unas características propias, llegando al punto de que haya razas enteras buenas y malas siempre me ha chirriado, y mucho más cuando a las malas les asigna características propias de razas humanas no blancas. Y creo que todo esto ha sido una muy mala influencia en la fantasía posterior, porque sus muchos emuladores se han sentido en la necesidad de imitar esa racialización rampante e innecesaria.
Supongo que es consecuencia de la época (clasificar racialmente y hasta por sus rasgos faciales a todo el mundo estaba muy en boga a principios del siglo XX) y de que buena parte del trabajo de un filólogo consiste en clasificar cosas.