Él defiende la tesis, muy extendida entre cierta gente, de que cuando un empresario paga a un político bajo cuerda es porque el político le obliga, porque si no, no conseguiría el contrato y tendría que mandar a un montón de empleados al paro. Con lo que no sólo es una víctima, encima es un héroe de la clase obrera.
Por supuesto, es una gilipollez; pero es una gilipollez que tiene su público.