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Acabo de terminarme la última temporada de Daredevil.

La trama principal a priori es muy interesante, básicamente porque es una metáfora del trumpismo/bukelismo bastante obvia.

Pero estoy hasta las narices de superhéroes intensitos. Sangre por todos lados, huesos rotos por quince sitios, muertos por todos lados. Aburre y asquea. Daredevil no debería necesitar romperle a un matón un brazo y una pierna para dejarlo fuera de juego.

Al final, lo que más he disfrutado siempre de esta serie (incluso en los tiempos de Netflix) son los momentos buenos: Matt desarmando oponentes en el juzgado con un par de frases y un testigo sorpresa, Karen siendo pura fuerza y vulnerabilidad a la vez, Foggy siendo la alegría de la huerta y la conciencia del protagonista. Daredevil usando más su cabeza que sus puños, la compasión por encima de la venganza.

Pero de esto poco hay.

Eso sí, al que quiera ver a gente reventando antidisturbios le va a encantar.

A ver qué pasa en la tercera temporada.

Y a ver si hay suerte y no le dan serie a Frank Castle otra vez. Que ya vale de glorificar villanos de mierda.

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