Interesante el análisis que hace Josep María Colomer del "problema catalán". Según él, conviven en el nacionalismo catalán diferentes pulsiones que se van sucediendo a lo largo de la historia, y que se repiten. Así, el ciclo completo consistiría en tres etapas que se suceden una a la otra, y en el que una etapa siempre se inicia como consecuencia del fracaso de la anterior; la primera, luego la segunda, después la tercera, y de nuevo a empezar:
1. La voluntad de liderar España.
2. La retirada y focalización en un mayor autogobierno.
3. La ruptura de la baraja y la búsqueda de la independencia.
Este es un ciclo que se repite y que en los últimos 400 años se ha dado ya tres veces. El problema, según Colomer, es que Cataluña es demasiado pequeña para liderar España y demasiado grande como para que España la deje ir. De esto se deduciría que la solución sería un encaje con mucho más autogobierno, pero:
1. No es algo que por lo general se esté dispuesto a conceder desde España, y
2. Cuando se ha hecho, tampoco ha detenido la rueda y se ha acabado llegando a la tercera etapa.
Otra observación que hace es que los ciclos cada vez duran menos y se suceden más rápido, debido a la creciente interconexión y acceso a la información, y cuando antes duraban siglos ahora duran décadas.
Luego hace un repaso de los tres ciclos que ha habido hasta ahora de esta rueda. Al que le interese, luego hago un pequeño hilo sobre esto, si no en la mañana espero poder por la tarde. Al que no, que deje de leer aquí.
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El primer ciclo, según Colomer, comenzó con la viudez del rey Fernando de Aragón y su acceso a la regencia de Castilla la y la posterior anexión de Navarra, en 1506. Ahí tuvo la oportunidad la Corona de Aragón de gobernar a toda España, pero en la práctica no fue posible por el sistema de cogobierno de las dos Coronas y tuvo que dejar Castilla en manos del cardenal Cisneros. Finalmente, su sucesor Carlos I estableció el dominio de Castilla.
Entonces comenzó la segunda etapa del ciclo, en el que el Reino de Aragón mantuvo sus instituciones y leyes, y en el que las Cortes aragonesas fueron un contrapeso a los poderes de la Corona española. Cataluña mantuvo su Parlamento y la Generalidad. Lucharon por su autogobierno durante cien años pero este acabó siendo doblegado por el Conde Duque de Olivares, imponiendo leyes, impuestos y reclutamiento militar para la Corona de Castilla.
Aquí finaliza la segunda etapa y empieza la tercera, con la revuelta contra los reclutamientos de 1640 conocida como la Guerra de los Segadores (Els Segadors), tras la que el presidente de la Generalidad Pau Claris proclamó una república catalana independiente bajo protección francesa. Duró una semana (en parte, por las divisiones internas).
Esta tercera etapa no solo acabó también en fracaso sino en uno muy doloroso, ya que como consecuencia Francia ocupó Cataluña, provocando una guerra hispanofrancesa de once años. Trasladar su lealtad de España a Francia le salió muy caro a Cataluña: tras el tratado de paz, Francia se anexionó los territorios catalanoaragoneses del Rosellón, Conflent y Cerdeña.
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Hay que tener en cuenta el contexto, que es la invasión napoleónica, la pérdida de las colonias americanas que se van construyendo en repúblicas independientes de España aprovechando el vacíode poder, y la insurrección en la Península de Portugal y de Cataluña. Portugal logró su independencia, pero Cataluña no, logró ser sofocada.
El siglo XVIII fue infausto para los catalanes ya que tras la Guerra de Sucesión llegó a la Corona de España un Borbón, francés, con su concepción francesa centralista y su absolutismo, que como represalia dictó decretos contra los "reinos rebeldes" de Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca que abolieron todas sus instituciones, y las pasó al control férreo por parte de España, imponiendo incluso un gobernador en cada territorio como en las colonias de ultramar. Recordemos que durante la guerra y el asedio de las tropas francesas aliadas de Felipe V Barcelona fue incluso bombardeada, algo que los catalanes desde luego no olvidan.
Según dice Colomer:
«Doblemente derrotada por España y Francia, primero a mediados del siglo XVII y luego a principios del siglo XVIII, Cataluña fue, definitivamente, un Portugal frustrado».
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El segundo ciclo, empezando de nuevo con la primera etapa, comenzó a mediados del siglo XIX, después de la pérdida del imperio americano. Una incipiente industria catalana favoreció el apoyo a las ideas liberales, y numerosos grupos catalanes trataron de liderar la reforma y modernización de España. Esta etapa de liderar España cristalizó en el llamado "sexenio revolucionario", en el que el general Prim (financiado por el empresariado algodonero catalán) acabó como jefe del Gobierno tras un pronunciamiento militar en el que derrocó al monarca Borbón y trajo al príncipe Amadeo de Saboya para que fuera elegido por el Parlamento como Rey de España en una nueva Monarquía parlamentaria y constitucional, mucho más abierta. El intento de liderar España también fracasó: Prim fue asesinado y Amadeo renunció unos meses después harto del sectarismo de los españoles.
Esto dio paso a la segunda etapa del ciclo con la Primera República, también bajo fuerte influencia catalana, pero ahora para adoptar una estructura federal en la que Cataluña tuviera un fuerte autogobierno. Fue un nuevo fracaso, de nuevo debido a diferencias internas, y a la retirada de los industrialistas catalanes que intentaron liderar hacia afuera España y su remplazo por un movimiento regionalista que se orientó hacia adentro de Cataluña. La República duró once meses y acabó con un nuevo pronunciamiento militar.
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Este fracaso en la consolidación del autogobierno catalán dentro de España generó movimientos radicales de independencia, que de nuevo consolidaron la tercera etapa del ciclo. Este llegó a su culmen una década después, durante la Segunda República. Ya en 1931 se dio el primer intento, cuando Francesc Macià proclamó «el Estado Catalán y la República Catalana» en una Confederación con el resto de Repúblicas de España, como Estado integrante de una hipotética Federación Ibérica (que incluiría a Portugal), pero ningún otro territorio le secundó.
El segundo intento fue en 1934, cuando el presidente de la Generalidad Lluis Companys volvió a proclamar el Estado catalán; el resultado: 80 muertos y todos los miembros del gobierno catalán encarcelados.
Al final estos intentos, que en la práctica fueron actos de secesión, provocaron la sublevación militar de 1936, con el resultado enormemente trágico para las aspiraciones catalanas que todos conocemos.
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El comienzo del tercer y último ciclo hasta el momento según Colomer, de nuevo en la etapa 1, podría ubicarse a mediados de los 60, cuando el contagio del desarrollo de los países más avanzados cruzó los Pirineos y Cataluña se convirtió en motor económico y foco de una gran actividad cultural, que derivó en el nacimiento de los movimientos antifranquistas, siendo considerada Barcelona la capital de la resistencia.
La influencia catalana y su nueva voluntad de liderar España se tradujo en varios padres de la Constitución del 78 y algunos ministros, con su punto álgido en las Olimpiadas de Barcelona, pero poco más. Como dice Colomer, «liderar España no ha sido precisamente lo que los catalanes han logrado hacer mejor». (Resulta sintomático que no haya habido un presidente de Gobierno catalán desde 1873).
Como resultado, Cataluña volvió a pasar a la fase 2, en la que sucesivos presidentes de la Generalitat se dedicaron en cuerpo y alma, por un lado, en la construcción de una nación lingüística y cultural catalana más definida y, por otro, en la presión al Gobierno de España mediante apoyos y acuerdos a cambio de cada vez más competencias, más recursos y más autogobierno.
Esta etapa se truncó con la abolición por parte del Tribunal Constitucional del estatuto de autonomía de 2006 aprobado por el Parlamento de Cataluña, revisado y negociado por las dos cámaras del Parlamento español y refrendado en referéndum por el pueblo de Cataluña, tras una campaña feroz de la derecha española. El estatuto culminaba un recorrido de autogobierno dentro de España, dando a Cataluña mayores poderes legislativos y judiciales.
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Este revés, y este nuevo fracaso, dio pie de nuevo a que se iniciara la tercera fase del ciclo, claramente orientada hacia la independencia. Y es que, como dice Colomer, el problema no era que el estatuto no saliera adelante; «el problema era que el Tribunal Constitucional desautorizó el pacto entre el Parlamento catalán, el Parlamento español y el pueblo de Cataluña».
Esta última tercera etapa la tenemos todos más fresca. Bajo la presidencia de Artur Mas, la Generalitat convocó primero un "proceso participativo" en 2014 y luego una "elección plebiscitaria" en 2015, que ganó. Y el siguiente presidente, Carles Puigdemont, convocó un referéndum ilegal de independencia en 2017 que abrumadoramente eligió la vía de la independencia, aunque con una participación del 42 % y alguna irregularidad. Después, declaró la independencia de Cataluña aunque dejó los efectos de la declaración en suspenso, sin que nadie supiera qué significaba eso.
Como represalia, el Gobierno de España suspendió el Gobierno y Parlamento catalanes y convocó nuevas elecciones autonómicas, mientras procesaba y encarcelaba a los políticos y actores sociales partícipes del referéndum y la declaración.
Aunque las autoridades catalanas intentaron hacer campaña internacional por su causa, la diplomacia española fue más efectiva, y es que, exactamente igual que en las dos ocasiones anteriores, en contexto internacional era adverso a las aspiraciones independentistas de Cataluña.
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Y así termina esto, y aquí estamos actualmente. La verdad es que le encuentro algunas fisuras a su teoría, aunque en una parte importante sí que puede que se cumpla esto de los ciclos y sus etapas. Yo tengo mis propias ideas al respecto, pero no era objeto de este hilo mostrar lo que pienso sino exponer la teoría de este autor, que encuentro interesante.
Tema complejo de todas formas y difícil de abordar con neutralidad y lejos de pasiones. Pero, de ser cierta la teoría, no creo que hayamos salido todavía de la fase 3, por mucho que Cataluña vuelva a tener un gobierno constitucionalista. Creo que basta un cambio en la Moncloa para ver reavivarse el fuego.
Finaliza con una reflexión:
«Los catalanes no fueron capaces de liderar la Península, como el Piamonte [con Italia]; no han logrado un Estado autogobernado dentro de una federación, como, pongamos, Massachusetts (o siquiera como el enclave privilegiado del País Vasco); ni han conseguido ser un país separado de España, como Portugal».
Y de ahí la frustración continua de Cataluña con España, añado. Muchas cosas que arreglar aquí y que sentarse a hablar de verdad, me parece.
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Bonus track.
La comparación con País Vasco siempre está ahí, por su Concierto y los privilegios fiscales que tiene. Por circunstancias históricas País Vasco / Vascongadas / Euskadi sí consiguió la independencia financiera y el autogobierno en la recaudación de impuestos (pagando un cupo al Estado español), pero es que su tamaño y su importancia tributaria es muchísimo menor que la de Cataluña, y a Cataluña España no la puede dejar ir, el impacto económico sería monstruoso. También analiza Colomer la historia del nacionalismo vasco, que pendula entre el pragmatismo (integración en el Estado) y el impulso bruto (independencia por vía violenta), pero eso queda para otro hilo.
Mi opinión personal... no sé. Creo que cuando volvió la democracia se debería haber buscado un encaje diferente para nacionalidades históricas como la vasca o la catalana, territorios con un régimen especial con mucho autogobierno pero dentro del estado (federal o como sea), que de hecho era la intención de los padres de la Constitución cuando incluyeron la cláusula de que un territorio podría solicitar constituirse en una Autonomía con diversas competencias transferidas y un margen de autogobierno (nadie pensaba qie Murcia, o Cantabria, o Madrid lo solicitarían también). Quizá las cosas hubieran sido diferentes, pero para eso hace falta que desde el resto de España se acepte el "hecho diferencial" de estos territorios.
Pero vamos, que esto es lo que yo creo, pero puede que no sea la solución. Creo que hay una larga cadena de errores históricos que aun hoy pesan mucho.
Una pequeña puntualización: a diferencia de todas las demás CC.AA., Madrid nunca quiso ser autónoma. Simplemente, cuando empezaron a formarse las CC.AA., ninguna de las castillas quiso incluir a Madrid, imagino que para evitar la brutal tensión que habría entre una ciudad enorme y unas provincias apenas pobladas. Así que a Madrid no le quedó otra que bailar sola.
Pues tenía entendido que Madrid solicitó ser Comunidad Autónoma como las demás, no había oído nunca esto.
Pedirlo, lo pidieron como las demás, pero porque ya no les quedaba otra.
No me extraña que no lo hayas oído. No es el tipo de cosa de la que uno presumiría, desde luego.
Lo más alucinante es que el propio himno oficial de la Comunidad de Madrid se cachondea bastante de este origen, de una forma algo sutil, pero muy clara para quien conoce la historia.
También es verdad que ese himno es una de las mayores troleadas de la historia. Por algo nunca usan la versión con letra.
Para muestra, la primera estrofa:
"Yo estaba en el medio:
Giraban las otras en corro
Y yo era el centro
Ya el corro se rompe
Ya se hacen Estado los pueblos
Y aquí de vacío girando
Sola me quedo"
Blanco y en botella.
Tengo entendido que la existencia del himno, y ya no digamos su letra, es uno de los secretos mejor guardados de toda la Comunidad 😂
Leguina cometió el error de encargárselo a un poeta anarquista de Zamora, que, como te puedes imaginar, ni le tenía mucho apego a la provincia, ni aprecio a la clase política, a pesar de lo cual sólo les cobró una peseta (ejem).
Historia completa:
https://es.wikipedia.org/wiki/Himno_de_la_Comunidad_de_Madrid
Puedes oírlo con subtítulos aquí: https://www.youtube.com/watch?v=kE649f5Q9UU
@jgg
Curioso, desde luego.