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#^Cómo fabricar votantes de Vox, caso práctico: el palacete y los inquiokupas



Nada de lo que ha ocurrido en España en la última década, tampoco el caso del “palacete” que se devolverá al PNV, se explica sin entender esa burbuja mediática madrileña que pronosticó el triunfo de Susana Díaz en las primarias del PSOE, patrocinó a Albert Rivera y vaticina cada semana el fin del sanchismo  Todo lo que dijo el PP sobre el palacete del PNV en París para justificar su voto en contra del decreto que ahora apoyará

Resulta muy difícil comprender la política española desde el extrarradio (hablemos claro, todo lo que no sea Madrid) sin asumir antes cómo funciona el ecosistema mediático, político y económico de la capital. Pero lo que se antoja imposible, a la vista de todo lo que ha sucedido durante la última década en España, es que la burbuja madrileña, donde se mezclan todos los poderes posibles, comprenda que sus obsesiones no tienen por qué ser las de todo el país.  

¿Cómo explicar si no, que entre esas élites madrileñas, que presumen de manejar todas las claves del país, nadie viera venir la eclosión de Podemos en 2014?  

¿Que dieran por hecha -algún presunto director de periódico de la época aún sigue lamentándose cada mañana- la victoria de Susana Díaz sobre Pedro Sánchez en las primarias del PSOE?  

¿Alguien entiende que el IBEX y su prensa más obediente pusiesen todas las fichas -y bastante dinero, hay banqueros que incluso reconocieron públicamente que esa era su apuesta- en la casilla de Ciudadanos y Albert Rivera?  

¿Y que en las generales de 2023 la unanimidad de la prensa conservadora anticipase un Gobierno de Feijóo e incluso algún sociólogo de cabecera se atreviera a pronosticar el mes exacto en que Sánchez dejaría de ser líder del PSOE?

¿Alguna explicación para que todos esos titulares y tertulias lleven llamando mayoría Frankestein a la suma de partidos que hicieron presidente a Sánchez desde 2018 y no quisieran oler el desastre de coaliciones que formaron PP y Ciudadanos primero y últimamente las que los populares sellaron con Vox, hoy rotas en todas las autonomías?  

Después de todos esos presagios fallidos, la cámara de eco de la capital ha estipulado que a Pedro Sánchez le quedan dos telediarios porque ningún gobierno, y menos uno con esa aritmética en el Congreso tan precaria, puede soportar el ambiente irrespirable que esa misma prensa, con la ayuda de algunos jueces y fiscales, contribuyen a generar cada día.

Alberto Núñez Feijóo acostumbraba a repetir en Galicia, aposentado sobre sus confortables mayorías absolutas, que convenía “huir del ruido de Madrid”. Y sin embargo ahora que lleva dos años al frente de la megafonía capitalina, todos los decibelios le parecen pocos. Cualquiera que haya seguido de cerca la trayectoria durante las últimas dos décadas del actual líder del PP puede concluir que la diferencia fundamental entre su etapa gallega y madrileña es que al frente de la Xunta, con sus generosos presupuestos públicos para publicidad institucional, él mandaba sobre los medios conservadores. Hoy, en cambio, les obedece. Y les teme. (No está claro que se los crea, en Santiago desde luego no lo hacía). Y mezclado con lo anterior, el segundo gran elemento que explica el antes y después de Feijóo se llama Vox, la amenaza por la derecha que nunca le acechó en su tierra.

Feijóo y sus asesores han asumido ya que cualquier tentación de intentar mostrarse como un líder centrista, como reivindicaba -con más palabras que hechos- desde la Xunta, propiciará furibundas homilías mañaneras, amén de tertulias y titulares amenazantes.  

En su gabinete no olvidan aquella primera vez que estuvo a punto de pactar la renovación del Poder Judicial con Sánchez y Federico Jiménez Losantos le recordó que no se le había traído a Madrid para eso, mientras el periódico en el que escribe le enseñaba la cabeza de caballo con el combo completo de portada y editorial el mismo día.  

El Feijóo de la era postCasado no hace lo que cree -o lo que lleva diciendo toda la vida que cree- por temor a que ese “ruido madrileño” que tanto abominaba constituya más gasolina para Vox. Y, sin embargo, no hay nada que engorde más a la extrema derecha española que seguir los postulados de la cápsula político-mediática de la corte.

El último ejemplo es la gestión política que acaba de hacer el PP sobre el famoso “palacete” de París y las conclusiones que puede dejar el asunto del decreto para un votante de derechas.

Vayamos a los antecedentes: la primera noticia sobre las negociaciones para devolver la histórica sede del Gobierno vasco en el exilio de París la publicó este mismo diario el pasado 24 de diciembre. La firmaba nuestra compañera Belén Ferreras y la información, tal vez por ser víspera de Navidad, quizás porque no estaba enfocada al gusto de la burbuja mediática conservadora, pasó inadvertida. No fue hasta la vuelta de las vacaciones cuando el PP y su prensa más afecta quisieron hacer de la devolución al PNV -de un inmueble incautado por la Gestapo y entregado a la dictadura de Franco- uno de esos escándalos nacionales que la derecha necesita cada semana.  

Durante días fue el único argumento esgrimido por los populares para justificar su voto contrario al llamado decreto ómnibus, un cajón de sastre de normas, muy parecido a los que aprobaba Feijóo en Galicia, sigue sacando adelante Ayuso en Madrid y propician tantos otros gobernantes en todas partes. En ese batiburrillo de leyes cabía desde la revalorización de las pensiones de acuerdo con el IPC, las ayudas a Valencia por la DANA, la prórroga de las ayudas al transporte público, una extensión del escudo para proteger a las familias vulnerables de los desahucios y asuntos económicos variados, entre ellos bonificaciones para la compra de vehículos eléctricos.  

El decreto contenía medio centenar de medidas pero el PP, con su hiperactivo portavoz, Miguel Tellado, al frente, y sus aliados mediáticos machacaron con el asunto del palacete (el mismo cuya devolución había negociado con el PNV el Gobierno de Rajoy hasta que fue desalojado del poder en 2018) no solo suponía un chantaje al conjunto del país, directamente implicaba tomar como rehenes a todos y cada uno de los pensionistas e incluso a los viajeros en tren. El monotema no fue solo mercancía para Tellado y los más cafeteros, el supuestamente templado Borja Sémper llegó a decir que para su partido ceder el edificio de París constituye un “escándalo ético y moral” (sic).

Como anticipaba esa catarata de declaraciones, el PP decidió votar en contra del decreto junto al partido de Puigdemont y Vox. No era la única opción que tenía Feijóo. Con Junts instalado en el no, el líder del PP tenía la oportunidad de desbloquear el decreto y presentarse como salvador ante 12 millones de pensionistas y evidenciar de paso la fragilidad parlamentaria del Gobierno metiendo otra cuña entre los socialistas y Puigdemont a las puertas de una negociación presupuestaria clave para el futuro del Gobierno. Hasta podría haber aprovechado para reconciliarse un poco con ese PNV al que antes o después va a necesitar y con el que hoy tiene todos los puentes rotos.  

En lugar de eso, Feijóo, Tellado y su ejército de tertulianos eligieron hacer casus belli con el palacete para infligir una nueva derrota parlamentaria al Gobierno. Casi definitiva, escribieron algunos cronistas de la corte. Aun a riesgo de arruinar medidas hipersensibles para amplios sectores de la población, el PP anunció a los cuatro vientos que votaría en contra del decreto. Incluida la revalorización de las pensiones (en esto los populares son reincidentes y Feijóo lo recuerda bien porque negar esa evidencia en TVE fue una de las razones de su desplome en la última semana de campaña), el mantenimiento de las subvenciones al transporte público y hasta las ayudas a Valencia.  

Todo, argumentaron entonces, estaba justificado por el escándalo (ético y moral, según Sémper) del palacete. Solo cuando decayó el decreto y cundió entre los populares el pánico de quedar como culpables de que no subiesen las pensiones a los 12 millones de españoles que las cobran, el PP se inventó que el decreto de protección a familias vulnerables fomentaba la ocupación y varios de sus portavoces mintieron descaradamente diciendo que el texto legal contenía una subida del IVA.  

Resultado de la gestión desde Génova 13 del Palacetegate: en solo tres días, el PSOE volvió a negociar con Junts, y a cambio de debatir en el Congreso una proposición no de ley sin ningún valor jurídico sobre una moción de confianza que Sánchez, el único capacitado para hacerlo, ya ha dicho que no va a presentar, y de retirar unos cuantas medidas económicas del decreto ómnibus, el Gobierno ha recuperado su mayoría parlamentaria y restablecido sus relaciones con el partido de Puigdemont.

Entonces el terror volvió a instalarse en la sede nacional del PP, que tardó solo unas horas en pegar otro volantazo y anunciar el voto a favor de un texto que no solo mantiene la cesión del dichoso palacete, también la protección de las familias vulnerables que según sus portavoces, diarios de cabecera y agitadores varios, favorece a los okupas.  

Tal y como están las cuentas ahora mismo, es muy probable que el decreto del “chantaje” y las “cesiones a los okupas” vayan a votarlo casi 300 diputados, de los 350 que tiene el Congreso. Llegados a este punto, caben solo dos posibilidades: o los votantes del PP y lectores de su prensa más entusiasta no se han creído el apocalipsis de esta semana sobre el palacete y los inquiokupas, o que consideren cierto todo lo anterior y vayan a frotarse los ojos cuando Feijóo y los suyos voten a favor de las siete plagas que anticiparon.  

A los de la opción B, la de quienes se hayan tragado toda esa hipérbole, solo les quedará una salida: votar a Vox, el único partido que a día de hoy mantiene el voto en contra al decreto ómnibús. Santiago Abascal ya lo ha dicho: pretende quedar ante esos votantes como el único que protege de verdad el patrimonio español y a los propietarios para que cuando salgan a comprar el pan no se llenen sus casas de okupas alentados por las leyes que aprueba el Gobierno ahora con los votos de Feijóo.

El resto, los que no se creen nada, simplemente habrán recibido otra doble ración de antipolítica: la creación de dos urgencias ficticias, el palacete y los inquiokupas, que servirán de alimento para la extrema derecha.

El Gobierno Frankestein y las coaliciones del PP

La respuesta de por qué el Feijóo madrileño se comporta así vuelve a estar en la burbuja de medios conservadora. En ese sector de la derecha mediática y económica, los del “Gobierno Frankestein”, que repite cada mañana que Sánchez está en las últimas y puede caer tras cualquier votación. Los más fieles partidarios del aznarismo, político y mediático, que asisten a las últimas condenas de Zaplana, Rato y pronto de Francisco Álvarez Cascos, como si no les conocieran de nada, se esfuerzan en convencer al país de que jamás se ha visto tanta corrupción como el software sin ánimo de lucro de Begoña Gómez y la plaza en la Diputación de Badajoz del hermano de Pedro Sánchez. Tan centrados están el PP y sus altavoces en la familia del presidente que hasta se ha dejado de lado el verdadero escándalo de corrupción que sacude a quien fue su número dos en el PSOE, José Luis Ábalos, y al asesor de este en todas partes, el poliimputado Koldo García.

El ruido de sumarios contra la izquierda tampoco es novedoso. Basta recordar algunas portadas y escaletas de televisón para comprobar lo muy cercado que estaba también Podemos en los tribunales por aquellas denuncias que le atribuían cuentas en paraísos fiscales y niñeras con cargo a los presupuestos del Estado. ¿Alguien quiere hacer memoria de en qué quedo todo eso?

Pese a todo eso y a su propia hemeroteca gallega, Feijóo ha decidido seguir la estela de todos esos decibelios, y hacer suyo el diagnóstico de quienes pronosticaron que el sanchismo escribiría su final el 23 de julio de 2024. de quienes aventuran cada día el descalabro de un país que bate récords económicos en Europa y alcanza niveles de empleos nunca vistos. No les arredra ni al PP ni a sus editorialistas de cabecera que entidades tan poco sospechosas de veleidades comunistas como JP Morgan recomienden comprar deuda española y vender la alemana.  

En este país donde nacen, crecen, se reproducen y mueren los partidos a un ritmo vertiginoso, sería suicida arriesgarse con los pronósticos. Y hasta puede que quienes apostaron por Susana Díaz, por Ciudadanos y por las sucesivas derrotas del sanchismo desde 2018 acierten alguna vez, pero la verdad hoy es que tras la calamitosa gestión del palacetegate, el Gobierno está más cerca que antes de aprobar unos presupuestos que son la pieza que busca para amarrar la legislatura.

Postdata: es tal la potencia de sus altavoces que frente al verdadero problema que sacude ya a varias generaciones de españoles y que son los precios desorbitados de las viviendas tanto en venta como en alquiler -el gran conflicto que sí puede desalojar a la izquierda del Gobierno-, la burbuja conservadora trata de instalar ahora que la urgencia es combatir la okupación e incluso se ha permitido bautizar como inquiokupas a todas esas familias con problemas para pagar el alquiler. El camino debe ser justo el contrario al ruido madrileño: cuánto menos se insulte y más se ayude a esos hogares vulnerables, más cerca estará la izquierda de mantenerse en el poder. Digan lo que digan las portadas, las tertulias y los anuncios de alarmas que las patrocinan.
#^Cinco años de Brexit, el pinchazo que ha hundido poco a poco al Reino Unido en medio de la decepción popular



Sólo el 11% de los adultos creen ahora que la salida de la Unión Europea ha sido un éxito mientras el país sufre los obstáculos de la autoimpuesta frontera para comprar tomates, fichar futbolistas o vender sandwiches en sus supermercados fuera de la isla  Los británicos quieren acercarse a la UE mientras Starmer se empeña en cortejar a Trump

La cadena británica Marks & Spencers ha tenido que alquilar un almacén sólo para guardar miles de documentos necesarios para vender sus productos en los 16 supermercados que tiene en Irlanda, la isla vecina que sí está en la Unión Europea.

“Tenemos un buen negocio de alimentación en Irlanda, pero no ganamos mucho dinero por los controles en la frontera. No se trata sólo de las 700 páginas de textos: tenemos que guardar toda la documentación que acompaña a nuestros cargamentos hacia Irlanda durante seis años en un almacén”, explicó el presidente de la compañía y ex diputado conservador, Archie Norman, en una entrevista con Times Radio en diciembre. “Así que hemos alquilado un almacén para guardar estos trocitos de papel a los que nadie les hace ni caso… Es bastante extraordinario”. Norman está entre los más de 1.200 empresarios que firmaron una carta pública unas horas antes del referéndum de 2016 pidiendo el voto a favor de quedarse en la Unión Europea.

La salida del Reino Unido de la UE, de la que este viernes se cumplen cinco años, no ha supuesto aranceles por el acuerdo comercial firmado entre el país y los Veintisiete, pero sí toneladas extra de papeleo, controles en la frontera, más requisitos de entrada y salida y limitaciones que ni siquiera han entrado del todo en vigor. A partir de este viernes, por ejemplo, el Reino Unido empezará a aplicar controles en las fronteras de los bienes importados de la UE que lleva años retrasando para no perjudicar más a sus empresas. Los controles de los bienes británicos que entran en la UE están en vigor desde el 1 de enero de 2021, aunque se han ido desplegando poco a poco según el tipo de producto.  

La aplicación práctica del Brexit ha sido y sigue siendo lenta. El referéndum fue el 23 de junio de 2016, pero las negociaciones sobre las condiciones de la salida de la UE supusieron que el Reino Unido no dejó de ser miembro hasta el 31 de enero de 2020. Y, en la práctica, el país siguió estando en el mercado único hasta la firma del acuerdo comercial que entró en vigor en enero de 2021.  

Desde entonces, pequeñas y medianas empresas han dejado de vender al continente por el coste del papeleo –al menos 20.000 desde 2021– y hasta corporaciones con más recursos han abandonado proyectos europeos. De hecho, Marks & Spencers se marchó de Francia porque no le compensaba el tiempo y el esfuerzo de pasar la frontera.  

“Antes del Brexit, teníamos un negocio de comida fresca significativo en París y alrededores, que nos generaba unos siete millones de libras [más de ocho millones de euros] al año”, contaba también Norman. “Era un negocio en crecimiento, muy popular en París, éramos probablemente el mayor vendedor individual de sandwiches de París, una gran cosa para el Reino Unido… Lo tuvimos que cerrar porque no era práctico mandar nuestra comida fresca a través de los controles de aduanas franceses y conseguir que llegara a tiempo a las estanterías”.  

El efecto del Brexit, que ha reducido la ya anémica economía británica, se ha ido notando poco a poco en un momento marcado por otras crisis como la pandemia y la guerra de Ucrania. En línea con las previsiones económicas, ha sido “un pinchazo lento” más que una “colisión frontal”.  

La economía británica apenas crece desde 2023 y sigue sufriendo tipos de interés más altos que en la zona euro y Estados Unidos por el miedo a la inflación. Los defensores del Brexit se agarran al estancamiento de Francia y Alemania, obviando el crecimiento en el sur de Europa.

La oficina de control presupuestario, una agencia oficial, estima el coste del Brexit en cuatro puntos de productividad y una disminución sostenida del 15% de los intercambios comerciales que se notará hasta 15 años después de la salida del país de la UE.

        
                                            

    
                                    
                                                                                                                                        
                                                    
                                                
                                                                                                                        
                                                    
                                                
                                                                    
                                                    
                                                
                                    
                

                

            
            

            
            
                            
            
                Imagen del control fronterizo en el puerto de Dover                            
                                    
            
                

Música, fútbol, tomates

Los efectos se han desplegado más visiblemente en el hundimiento del comercio británico; la falta de camareros, dependientes, conductores, temporeros, sanitarios y otros trabajadores en sectores clave; la escasez periódica de productos básicos en los supermercados sobre todo fuera de Londres, y el encarecimiento de cualquier servicio o producto relacionado con el continente, desde los billetes de tren hasta los tomates. Pero el Brexit ha permeado poco a poco toda la sociedad británica.  

Los músicos han reducido los tours por Europa por las limitaciones de los visados y el papeleo extra para mover instrumentos; los agricultores han visto cómo las ayudas europeas no han sido sustituidas por los subsidios prometidos; los libreros británicos tienen menos acceso a los libros en inglés publicados en Estados Unidos que sus colegas de la UE; los pilotos británicos tienen que pagarse otro examen porque sus títulos ya no se reconocen en la UE; los clubes de fútbol fichan a menos jugadores europeos.  

El Tottenham tiene que esperar otro año más –y ya le ha pasado varias veces– hasta que el jugador estrella croata Luka Vuskovic cumpla los 18 años por las reglas tras el Brexit que impiden ahora a los clubes británicos fichar a menores de edad. El equipo llegó a un acuerdo con el jugador en 2023, pero no podrá incorporarlo hasta 2026 mientras ve cómo el joven marca goles en un equipo de Amberes.  

Más efectos de lo esperado

“Lo que tal vez es más llamativo es que muy poco de lo que llegó después se anticipó durante los debates del referéndum”, escribe Anand Menon, el director de la red académica UK in a Changing Europe, en su informe recién publicado sobre los cinco años de Brexit. “Los efectos del Brexit empezaron a aparecer poco después de la salida del Reino Unido. Eran mucho más amplios y más complejos de lo que nadie había imaginado en el momento del referéndum”. Estaba claro que la salida de la UE afectaría al comercio, la agricultura y la inmigración, pero pocos estimaron los efectos para la concordia regional dentro del país –no sólo para la delicada situación de Irlanda del Norte, sino para la creciente desigualdad entre Londres y el resto del país– o la dificultad de alinear la regulación con los vecinos para cualquier paso. La lista de cuestiones sin resolver sigue cinco años después.  

En 2016, David Cameron se centró en lo que él pensaba que serviría para acabar con el debate que dividía al Partido Conservador y beneficiaba a la extrema derecha de Nigel Farage. Como dice Tim Bale, politólogo de la Universidad Queen Mary de Londres y especialista en tories, “el efecto del Brexit en el Partido Conservador es un ejemplo de libro de que el remedio ha sido peor que la enfermedad”.

        
                                            

    
                                    
                                                                                                                                        
                                                    
                                                
                                                                                                                        
                                                    
                                                
                                                                    
                                                    
                                                
                                    
                

                

            
            

            
            
                            
            
                El líder de Reform UK, Nigel Farage                            
                                    
            
                
Los tories, diezmados en el Parlamento por la peor derrota electoral de su historia el pasado julio, siguen divididos y Farage ha conseguido por primera vez un escaño en el Parlamento británico y se presenta como una alternativa más popular al partido tradicional de la derecha británica. Farage, el principal impulsor del Brexit, defiende su posición asegurando que los conservadores negociaron mal el acuerdo de salida y no supieron aprovechar “las oportunidades” que supuestamente ofrecía la separación.

Inmigración más diversa

Uno de los principales factores que movió el voto a favor del Brexit fue el rechazo a la inmigración, utilizado en los mensajes de los políticos y revelado en las encuestas de opinión.  

Ahora el Reino Unido tiene sus propias reglas migratorias, pero el efecto de la salida de la Unión Europea ha sido el contrario del esperado para los reticentes a las llegadas de trabajadores y estudiantes de fuera del país.

Antes del Brexit, la migración neta –la diferencia entre quienes llegan y quien se van del país y un concepto que obsesiona en el debate público en el Reino Unido– rondaba las 250.000 personas. Desde entonces se ha acercado más al millón de personas, que han llegado en los últimos años por la protección ofrecida a algunos refugiados de Afganistán, Ucrania o Hong Kong, y por los visados para reclutar trabajadores y estudiantes de fuera de la UE.  

Las encuestas

La mayoría de la población adulta en el país tiene ahora una visión negativa del Brexit y cree que el lugar del Reino Unido está en la Unión Europea. Cuando se pregunta sobre asuntos concretos que podrían mejorar la situación del país, también hay mayorías a favor de acuerdos que permitan viajar más fácilmente o vender y comprar productos europeos.  

Sólo el 30% de los ciudadanos cree ahora que el Reino Unido hizo bien en marcharse de la UE, según un sondeo recién publicado por YouGov. A la encuestadora nunca le había salido un porcentaje tan bajo en esta pregunta desde que empezó a hacerla después del referéndum de junio de 2016, cuando el 52% de quienes votaron lo hicieron a favor de la salida de la UE. Los que tienen una visión más negativa de lo que ha pasado y tienen más ganas de volver a la UE son los menores de 25 años, que no tenían derecho de voto en 2016. En todo caso, sólo el 11% de la población total cree que el Brexit ha sido “más un éxito que un fracaso”. La mayoría de los que en 2016 apoyaron la salida tampoco creen que haya sido un éxito y la mayoría de los adultos creen que “el Brexit siempre iba a ser un fracaso y no había nada que pudiera hacer ningún Gobierno que lo convirtiera en un éxito”.

    
            

The number of Britons saying the UK was right to vote to leave the EU has hit its lowest level since the referendum, ahead of the fifth anniversary of Brexit on Friday Right to vote to leave: 30% (-3 from Nov) Wrong to vote to leave: 55% (=) yougov.co.uk/politics/art...

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— YouGov (@yougov.co.uk) 29 de enero de 2025, 11:20


    
Desde 2022, cuando los efectos del Brexit empezaron a notarse y el Gobierno conservador acumuló una crisis detrás de otra con las dimisiones de Boris Johnson y la efímera Liz Truss, se muestran mayorías estables en contra del Brexit y a favor de volver a la UE.  

Los más europeístas son los votantes laboristas y Keir Starmer, que hizo campaña en contra del Brexit en tensión con el líder de su propio partido, el euroescéptico Jeremy Corbyn, prometió volver a acercarse a la UE. Pero, en la campaña de las elecciones de julio del año pasado, Starmer también prometió que no intentaría movimientos más ambiciosos como un acuerdo para volver al mercado único o tener más libertad de movimiento y de bienes como otros países vecinos que no están en la UE. El miedo a reactivar la minoría favorable al Brexit y darle alas a la extrema derecha ha paralizado cualquier iniciativa sustancial desde que está en el poder.

Reuniones y visitas

Los ministros de su Gobierno se ven con sus homólogos de la UE y ya han participado en algunas reuniones formales en Bruselas. Starmer acude el lunes a la cumbre informal de jefes de Estado y Gobierno de los Veintisiete. Y los responsables de las negociaciones más directas en Londres y Bruselas se ven cada dos semanas. Pero la cordialidad en las relaciones se ha traducido en pocos avances y sigue sin haber ningún acuerdo ni siquiera de los supuestamente más pequeños, como un sistema de visados ágiles para los jóvenes europeos, facilidades para las giras de músicos o los controles veterinarios. A la vez, el Gobierno de Starmer ha rechazado cualquier paso un poco más ambicioso y casi siete meses después de su llegada al poder el Reino Unido sigue en la misma situación de bajo crecimiento y aislamiento.

        
                                            

    
                                    
                                                                                                                                        
                                                    
                                                
                                                                                                                        
                                                    
                                                
                                                                    
                                                    
                                                
                                    
                

                

            
            

            
            
                            
            
                El primer ministro británico, Keir Starmer, con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen                            
                                    
            
                
En un discurso sobre cómo reactivar la economía británica, la ministra de Economía, Rachel Reeves, habló esta semana de construir una tercera pista en el aeropuerto de Heathrow de Londres o retomar una línea de tren de Oxford a Cambridge para impulsar un nuevo corredor de innovación tecnológica entre las dos universidades. Pero no incluyó el acercamiento a su principal mercado como vía para el crecimiento.  

Hace unos días, Michael Heseltine, diputado conservador durante décadas y miembro de los gobiernos de Margaret Thatcher y John Major, dijo que el Gobierno laborista debería hablar abiertamente de un nuevo referéndum ahora que hay una mayoría a favor de volver a la Unión Europea. En una entrevista con la BBC, dijo que los defensores del Brexit vendieron a los británicos “una pila de mentiras” y que su país tiene que estar “en el corazón de Europa”. Además, defendió el europeísmo de Thatcher y su papel en la creación del mercado único.  

La propia líder del Partido Conservador actual, Kemi Badenoch, reconoce que su partido no pensó bien en las implicaciones prácticas de la salida ni hizo un plan para recuperar el crecimiento económico que se perdería. Aun así, defiende las “libertades del Brexit”.  

La parálisis laborista

Lo que queda del Partido Conservador sigue dividido sobre la cuestión, pero, ¿qué está frenando al Gobierno laborista?

Durante la presentación del informe sobre los cinco años de Brexit de UK in a Changing Europe, elDiario.es preguntó este martes a los autores del texto qué haría falta para que un Gobierno británico fuera más ambicioso y planteara un debate sobre un nuevo referéndum o volver al menos a la unión aduanera.  

“Es muy difícil para el Gobierno laborista. Llegaron al poder después de muchos años sin él. Tienen una gran mayoría, ¿pero están preparados para gastar capital político en algo que sigue siendo una herida abierta para la vida política británica?”, contestó Sarah Hall, profesora de la Universidad de Cambridge especializada en desigualdad y urbanismo.  

La estrategia electoral laborista pasó por dirigirse a los votantes con menos ingresos que habían votado laborista en el pasado y también habían votado a favor de marcharse de la UE. En última instancia no fue esa la clave de su victoria, pero esa prioridad obligó a adquirir compromisos en los últimos años que también han pasado por el silencio sobre el Brexit.  

        
                                            

    
                                    
                                                                                                                                        
                                                    
                                                
                                                                                                                        
                                                    
                                                
                                                                    
                                                    
                                                
                                    
                

                

            
            

            
            
                            
            
                Asistentes a la "National Rejoin March", en septiembre en Londres                            
                                    
            
                
“Hasta ahora no había nadie al sur de la frontera angloescocesa que defendiera en particular cambiar de rumbo. Al norte de la frontera, el partido nacionalista escocés, en cambio, nunca ha dejado de decir que el Brexit fue un error”, apuntaba el martes John Curtice, profesor y encuestador jefe de la BBC. Los liberaldemócratas, el partido centrista tercero en escaños, está empezando a retomar esta bandera, y eso, según Curtice, es lo que tal vez podría reabrir el debate sobre un nuevo referéndum de aquí a las próximas elecciones generales, previstas para 2029. “Pasará cuando el Gobierno se encuentre en una situación en la que crea que es la mejor salida de cualquier atolladero electoral de entonces… por eso tuvimos un referéndum en 2016, porque David Cameron pensaba que sería la manera de quitarse de en medio el Brexit”.

En 2029, dada la fragmentación creciente del electorado, el escenario puede ser que ningún partido obtenga la mayoría para gobernar: “Si los liberaldemócratas son muy claros en que hay que revertir el proceso y los laboristas están pensando cómo conservar el poder, entonces podríamos tener un acuerdo de Gobierno en que parte del acuerdo sea un referéndum”, dijo Curtice.

La eterna negociación

Con poca claridad y poca prisa, el Gobierno de Starmer intenta hacer ajustes en el acuerdo comercial. Cualquier pacto con la UE lleva tiempo mientras se abren otros frentes como los requisitos para los coches eléctricos británicos o el nuevo acuerdo pesquero.

La última oferta de la Comisión Europea de integrar al Reino Unido en la convención pan-euro-mediterránea para facilitar el comercio pone a los británicos al nivel de Marruecos, Jordania, Ucrania o las islas Feroe, con algunas facilidades para los productos de origen, pero poco acceso a los mercados de terceros países que comercian a su vez con la UE. “Desde el punto de vista económico, sería insignificante”, dice Anand Menon, el director de UK in a Changing Europe.

A la vez, recuerda la condena de este y de cualquier Gobierno británico para tratar con el gran bloque comercial y político que tiene de vecino y que sigue adaptando sus reglas. “El deseo del Gobierno de Starmer de revisar el acuerdo de Johnson recuerda que las relaciones entre el Reino Unido y la UE no han llegado a un equilibrio estable. Están muy lejos de eso”, escribe Menon. “Los cinco años desde el Brexit muestran que la UE sigue moldeando nuestras vidas diarias de maneras significativas, incluso aunque ya no seamos parte del club”.

Un article molt interessant, com és habitual venint de #MoonOfAlabama, sobre la #IA #xinesa i de com i per què aquesta li guanya la partida a la manera de fer " #americana ":

moonofalabama.org/2025/01/how-

@spla @qualcu @AnnaCraix especialment l'experiència d'usuària de les apps mòbils no tenen comparació des del punt de vista de la majoria d'amistats i familiars non-tech. Delta Chat té bones apps per a Android i iOS. Les apps XMPP per a Android no són tan fluïdes i en general són més per geeks. I les de iOS tenen encara més mancances. Estan millorat però jo estic recomanant Delta Chat als meus contactes i se la instal·len i la utilitzen sense problemes. Explico més a #VamonosJuntasDelWA

Día 6 en mi salida de WhatsApp

El último tercio de mis contactos está tardando más en responder pero incluso ahí me estoy llevando más respuestas positivas de las que me esperaba. Con la mayoría de quienes quedan por responder nos conocemos bien aunque tenemos poco contacto. Podríamos seguir con mail / SMS sin problema.

Y así está la cosa:

13 #DeltaChat 🎉 + 1 en camino 🤩
7 #Signal :signal:
1 SMS 📳
1 Email ✉️
1 Telegram... 📺
3 pensándoselo 🤫
5 esperando respuesta ⏳

#VamonosJuntasDelWA

Me voy de #WhatsApp. Me metí porque un viejo amigo me lo pidió pero ya no trago más a Meta y Zuckerberg, que poco tiempo les faltó para lamerle las posaderas al nuevo presidioente de los EEUU y sumarse a su distopia 2.0.

Escapar de Meta no es fácil. Están detrás de muchos de nuestros clicks. Facebook hace años que lo borré. Me fui de Instagram ayer. WhatsApp me llevará más tiempo, pero caerá.

Estoy recomendando #DeltaChat a mis familiares y amistades: delta.chat/ / @delta_chat

@tonet001 Telegram no xifra persona a persona per defecte i no xifra els grups.
A banda d'això, desen tot en els seus servidors i si cal, ho lliuren a requeriment de la justícia.

Hola,

Huí de X (@ruthtzin) para irme a #Bluesky pero mi hermanito me dijo que es lo mismo.

Soy profesora de sociología urbana en la Universidad Autónoma Metropolitana (México), investigadora y activista de la bicicleta.

No me gusta hablar de mi vida personal, sino intercambiar ideas, reflexiones y buscar colaboraciones.

No tengo ni idea a dónde llegué a parar pero espero adivinarlo pronto.

#vamonosjuntas #presentación

#^El Supremo anula una sentencia sobre violencia machista con duros reproches al TSJ canario: “Tiene defectos graves”



La resolución anulada, firmada por el magistrado Antonio Doreste, redujo la pena a un hombre que acuchilló 11 veces a su expareja, al tipificar los hechos como lesión consumada en vez de asesinato en grado de tentativa porque el cuchillo usado tenía la hoja flexible  El magistrado reacio a creer a mujeres y menores víctimas de violencia sexual

El Supremo ha anulado una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) que adolece de “gruesos defectos” formales y de motivación y contiene un relato de hechos probados “indefinido, mal estructurado y contradictorio”. La resolución judicial ahora tumbada por el alto tribunal español había reducido de catorce a seis años y medio de cárcel la pena impuesta en primera instancia a un hombre que acuchilló en once ocasiones a su expareja, al entender la Sala de lo Civil y lo Penal del TSJC que los hechos no eran constitutivos de un delito de asesinato en grado de tentativa, sino de lesiones consumadas.  

La sentencia que ha merecido el duro reproche del Supremo fue dictada el pasado 18 de septiembre. Su ponente es Antonio Doreste, expresidente del TSJC. Su sucesor en este cargo, Juan Luis Lorenzo, y la magistrada Carla Bellini completaban el tribunal. El fallo anulado había estimado de forma parcial el recurso del acusado contra la sentencia de la Audiencia de Las Palmas que lo condenó por asesinato en grado de tentativa.  

Los hechos enjuiciados se remontan al 18 de noviembre de 2021. Ese día, sobre las tres de la tarde, el agresor se abalanzó sobre la víctima, su expareja, cuando la mujer se encontraba en el interior de su coche en un aparcamiento de la localidad de Costa Calma, en Fuerteventura, y le clavó de forma reiterada un cuchillo mientras le decía: “Voy a matarte, arruinaste mi vida”. El hombre llevaba peluca, mascarilla y capucha para ocultarse.  

Según el relato de hechos probados de esa primera sentencia de la Audiencia de Las Palmas, el acusado dirigió su ataque “a la zona del cuello y del pecho” de la víctima, que “se defendió con las manos”. Un ciudadano que se encontraba por los alrededores de esa zona de estacionamiento intervino y agarró al agresor para “evitar que culminara la acción”.  

La mujer sufrió heridas y hematomas en manos y brazos. Además de la primera asistencia sanitaria, precisó tratamiento quirúrgico y requirió 63 días para su curación, 30 de ellos con un perjuicio “moderado” en su calidad de vida y 33 con un perjuicio “leve”.  El fallo de la Audiencia de Las Palmas consideró probado que el acusado cometió esos hechos “movido claramente por no aceptar la decisión” de la víctima de “romper su relación sentimental”.  

Recurso al TSJC

La Audiencia de Las Palmas condenó al acusado por asesinato en grado de tentativa a través de una resolución fechada en marzo de 2024. Seis meses después, la Sala de lo Civil y lo Penal del TSJC estimó en parte el recurso de apelación presentado por la defensa.  

El alto tribunal canario hizo propio el relato de hechos probados de esa primera sentencia, pero con un añadido. Consideró relevante el tipo de cuchillo utilizado por el hombre para agredir a su expareja, “un simple cubierto especialmente flexible”, y las lesiones que produjo a la víctima. “Pese a haberle apuñalado en nada menos que 11 ocasiones, no hay heridas incisas, es decir, de corte, sino superficiales, hematomas (por golpes) y escoriaciones (heridas muy leves, por roce, no por punción o perforación), lo que indica la inidoneidad del cuchillo utilizado para profundizar o perforar, siendo obvio que se trata de un cuchillo de cubertería flexible”, recoge la sentencia firmada por Antonio Doreste.  

La sentencia del TSJC anulada por el Supremo también destacaba que “todos los lugares de la agresión (sic) se producen en manos y piernas, salvo uno en caja torácica, pero siendo una simple escoriación (un roce) sin perforación de piel”. Con esos argumentos, la Sala de lo Civil y lo Penal concluía que el agresor no tuvo “ánimo de matar, sino de lesionar”, por lo que redujo el tipo delictivo de asesinato en grado de tentativa a lesiones consumadas y, en consecuencia, la condena de catorce a seis años y medio de cárcel.  

El reproche del Supremo

La Sala de lo Penal del Supremo ha anulado esa sentencia del TSJC y ha devuelto las actuaciones al mismo tribunal para que dicte una nueva resolución “subsanando los graves defectos apreciados respecto a los hechos que considera o no probados”.  

“No es fácil comprender los razonamientos de la sentencia impugnada (del TSJC). Ni tampoco, y esto es lo que importa ahora, determinar qué hechos consideró finalmente probados y cuáles no, en la medida en que los expresa, a lo largo de su fundamentación jurídica, de un modo llanamente contradictorio”, incide el Supremo en una sentencia que está fechada el pasado 15 de enero y tiene como ponente al magistrado Leopoldo Puente.  

El TSJC elabora un relato que “adolece de inconsistencias y contradicciones internas”. Así, la sentencia del tribunal canario descarta la existencia del “ánimo de matar” en la conducta del acusado “no solo con el incomprensible argumento de que un cuchillo (de hoja) flexible resulta inidóneo para este fin”, sino además “en abierta contradicción con otros hechos probados que, poco antes, había asegurado hacer propios”, sostiene el Supremo.  

Con respecto al cuchillo de quince centímetros utilizado en la agresión, el Supremo destaca que el hecho de que tuviera la hoja flexible “no determina en modo alguno” que sea un instrumento “inhábil” para provocar heridas mortales, como mantenía el TSJC, y recuerda la “naturaleza flexible” de los conocidos como “cuchillos jamoneros”.  

La primera sentencia, la dictada por la Audiencia de Las Palmas, ya exponía que se trataba de un cuchillo “perfectamente afilado” que, además de haber causado a la víctima lesiones incisas que precisaron una intervención quirúrgica, había dejado marcas en el asiento del vehículo, tal y como manifestó el agente de la Guardia Civil que realizó la inspección ocular.

El Supremo tampoco entiende que el TSJC sostenga que el ataque no se dirigió contra zonas vitales del cuerpo de la víctima cuando en esa misma sentencia admite como hecho probado que el agresor intentó clavarle el cuchillo de manera reiterada “en el cuello y el pecho” y que la mujer “se defendió con las manos”. Para “redondear la contradicción”, la sentencia del tribunal canario incluye la “insólita afirmación” de que la agresión no le produjo heridas incisas, cuando una de ellas, en la mano izquierda, requirió cuatro puntos de sutura y otra, en la derecha, siete. “¡Siete puntos!”, enfatiza el alto tribunal español.

En síntesis, la Sala de lo Penal del Supremo concluye que el relato de hechos del TSJC es defectuoso. En primer lugar, porque la referencia a la flexibilidad del cuchillo es “poco relevante e imprecisa”. Y “lo más importante”, porque “afirma y niega al mismo tiempo” que el ataque se dirigió contra zonas vitales y porque “ignora” que mientras clavaba el cuchillo a la víctima el acusado le decía que la iba a matar porque le había “arruinado la vida”.  

Según el Supremo, no es posible la estimación íntegra del recurso presentado por la acusación particular y la Fiscalía, que habían pedido que se rehabilitara la primera sentencia, la dictada por la Audiencia de Las Palmas. “Ello no es posible a partir del confuso relato de los hechos que la sentencia recurrida considera probados, sin que la modificación de los mismos, en perjuicio del acusado, pudiera ser realizada por este tribunal, ignorando las imprecisas adiciones y contradicciones que al respecto la sentencia impugnada aporta”.  

Es decir, ahora debe ser el mismo TSJC quien dicte una nueva resolución analizando el recurso de la defensa y subsanando los defectos formales apreciados por el Supremo.

El ponente

La Sala de lo Civil y lo Penal del TSJC está conformada por Juan Luis Lorenzo Bragado (su presidente), Antonio Doreste y Carla Bellini. Aunque en la sentencia ahora anulada por el Supremo la decisión es unánime, en los últimos cinco años se ha evidenciado en este órgano judicial una discrepancia de criterios entre los magistrados. En particular, en los procedimientos sobre delitos sexuales.

Decenas de sentencias dictadas sobre esta materia en el último lustro contenían un voto particular discrepante con respecto a la posición mayoritaria de la sala. En todas ellas, Antonio Doreste (ponente de la resolución recién tumbada por el Supremo) se posiciona a favor de la absolución de los acusados (o de una rebaja de penas) por sus dudas sobre la credibilidad de los testimonios de las víctimas o porque considera que no están sustentados por otros indicios incriminatorios.

Su criterio colisiona con el de otra de las componentes de la Sala, Carla Bellini, que defiende que la declaración de la víctima de violencia sexual puede ser considerada prueba de cargo suficiente contra los acusados, incluso cuando se trate de la única prueba disponible, “porque al producirse (los hechos de violencia sexual) generalmente con absoluta clandestinidad, se dificulta la concurrencia de otra prueba diferenciada”.
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