Anda que no se vendíeron, sobre todo en estaciones.
Eran la lectura ideal para viajes largos.
Historias de fórmula, predecibles, simples, pero requerían el esfuerzo de fijarse en los detalles si querías resolver el caso. Lo que hacía que cuando acababa el viaje no quisieras deshacer las maletas: tenías que acabarte el libro primero.